89 años de AMSAFE.

Hoy cumplimos 89 años de lucha, un camino iniciado por un grupo de compañerxs, que venían dando pelea por la defensa de la escuela pública, los sectores populares y los derechos de los trabajadores.

EN EL ANIVERSARIO 89 DE NUESTRO SINDICATO EXIGIMOS:

PARITARIA NACIONAL

CUMPLIMIENTO DE  LEY DE FINANCIAMIENTO.

NINGÚN RETROCESO EN NUESTROS DERECHOS JUBILATORIOS.

CUMPLIMIENTO DE LA INVERSIÓN EN EDUCACIÓN ESTABLECIDA POR LA LEY DE FINANCIAMIENTO EDUCATIVO.

DEFENSA IRRESTRICTA DE LA ESCUELA PÚBLICA.

Nuestra historia

Un recorrido breve, muy sintético de nuestra historia para recordar a nuestros maestrxs, los que nos enseñaron que la ESCUELA PÚBLICA ENSEÑA, RESISTE Y SUEÑA.

El 24 de junio de 1928 se llevó a cabo la asamblea constitutiva de la Asociación del Magisterio de Santa Fe, oportunidad en la que fue integrada la comisión directiva con Marta Samatán como presidenta, Benjamín López vicepresidente, completándose con Jorge J. Christe, Alberto Gaite Álvarez, José Carlozzi, Aída J. Poggi, Julia García, Encarnación González, Ángela Sologuestúa, Adelina Deosefe, César P. Garasino, Luis Ruano y Narciso Luna. Poco tiempo después, el 25 de noviembre de 1928, fue creada la Federación  Provincial del Magisterio integrada por la  Asociación local, la Sociedad Unión del Magisterio de Rosario, la Asociación de Maestros de Laguna Paiva, la  Asociación del Magisterio de Romang, del Comité pro Asociación de Maestros de Ceres, representantes de docentes de Gálvez y de San Cristóbal y, finalmente, del Grupo Renovación de Maestros Nacionales de Casilda. Del Comité Federal electo formaron parte Julia García, Zenón Ramírez y Alberto Andino. Los objetivos de ambas asociaciones eran similares: agrupar a los maestros en su condición de tales, independientemente de sus creencias políticas y religiosas a fin de estrechar vínculos de solidaridad y compañerismo; llevar al magisterio por la acción coordinada y la cooperación en los fines perseguidos, a la conciencia de su alta misión y de su grave responsabilidad; proveer a la defensa de los intereses morales y materiales del magisterio; contribuir a toda iniciativa susceptible de elevar el nivel cultural del pueblo;  propender al acercamiento y la colaboración de padres y maestros para el mejor éxito de la función escolar; bregar para que la dirección del gobierno escolar esté en manos de los maestros y del pueblo. La lucha por concursos de ingreso y ascenso, de traslados por escalafón, de aumento de haberes y su puntual efectivización, el amparo a la niñez y su educación, el contenido progresista de la enseñanza, el laicismo y, preponderantemente la defensa de la escuela pública, fueron constantes en la lucha de la Asociación capitalina y de la  Federación Provincial. Se produjeron tropiezos, algunos muy graves, por el desenfreno de ciertos gobernantes. Un ataque a la agremiación voluntaria e independiente, lo constituyó la norma del gobierno demoprogresista, estableciendo primero (1933) por decreto del Poder Ejecutivo, y luego por Ley 2369 (1934)  que los maestros “serán considerados socios de la respectiva asociación departamental, sujetos a las disposiciones de sus Estatutos”. Por otro lado, la ley reconocía sólo una asociación por departamento “siempre que sea afiliada a la  Federación Provincial del Magisterio”. A partir de entonces existieron paralelamente dos agremiaciones: las oficiales y las independientes. La fortaleza de los dirigentes que permanecieron en éstas, sumado a cambios políticos en la provincia, hizo que la afiliación obligatoria desapareciese. La lucha incansable y sin tregua tuvo sus frutos: la sanción, en 1940, de la Ley 2951, número definitivo luego de reformado el texto original de la 2892. La estabilidad y el escalafonamiento alcanzaron nivel legislativo. En 1944, la intervención federal puso a la Asociación en la ilegalidad y declaró cesantes a sus dirigentes. El Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, había dado a publicidad las bases para una reforma educativa. El V Congreso de la Federación provincial del Magisterio, debía reunirse en Cañada de Gómez en diciembre de 1943, y habría de emitir opinión sobre el particular, por lo que una asamblea de la asociación local se pronunció mediante una ponencia que elevaría al mencionado congreso, que no pudo reunirse por prohibición policial. En Santa Fe los asambleístas sancionaron un texto por el que el gobierno pidió una rectificación. Reafirmaba los principios de la escuela común obligatoria, gratuita y laica; los principios que establecen la enseñanza basada en el respeto pleno de la personalidad del niño y en el desarrollo de las aptitudes, “por cuanto, de esa manera, se forman seres independientes y responsables de sí mismos”; señalaba además que “no es partidaria de la enseñanza que pretende exaltar el sentimiento de un nacionalismo excluyente, por cuanto es profunda tradición en nuestro pueblo el amor a la humanidad, al lado del sentimiento patrio” y que “es partidaria de la enseñanza que aboga por la exaltación de los hombres que han elaborado nuestra grandeza en el trabajo pacífico, la ciencia y la cultura, al lado de los valores militares que aseguraron nuestra libertad e independencia.” Lejos de acatar el pedido de rectificación, los asambleístas confirmaron su resolución y previo a un espectacular allanamiento a la Casa del Maestro, la Intervención Federal dictó el decreto 3320/44 que declaró que la actividad de la Asociación del Magisterio implicaba “una subversión a la jerarquía administrativa, violenta a las disposiciones en vigor y contraria a los principios institucionales vigentes con respecto a la enseñanza”. Además, dejaba cesantes a quienes integraban la  Comisión Directiva y a todos los que habían suscrito ese texto por “exteriorizar y tratar de llevar a la práctica principios que implican un verdadero alzamiento contra la organización fundamental del país y su amplia afirmación proclamada por la Revolución del 4 de Junio.” Fueron afectados 21 maestros y directores. Un decreto posterior, el Nº 3318/44, sancionó la disolución de la Asociación del Magisterio de Santa Fe. Tuvieron lugar mitines en talleres ferroviarios, obras de la construcción, en terminales de ómnibus, usinas eléctricas, oficinas públicas y de empresas privadas, en estadios deportivos, parques de diversiones, en ferias francas y en intervalos de los cines. Miles de memoriales y telegramas cubrieron los escritorios de los funcionarios. Al año siguiente, se produjo el cambio de autoridades gobernativas. La primera medida de las nuevas, bajo la creciente presión popular, fue anular lo actuado por las anteriores respecto a los docentes y la entidad que los agrupaba. El período siguiente fue de crecimiento. La junta ejecutiva de la  Federación Provincial del Magisterio, actuante en el período 1946/47, aplicó firmes políticas organizativas, profundizando el esquema federalista. La reforma estuvo dirigida a facilitar la participación de la bases en la acción sindical, aumentando su capacidad de decisión. Para ello se propició la organización de Círculos que agrupaban a los maestros de las localidades del interior y a los radicados en barrios de ciudades, donde se iniciaba la discusión de las reivindicaciones, eran gestados los pronunciamientos, proyectándose las acciones, primero, y asegurando su cumplimiento, después. Los Círculos constituían en cada departamento, una asociación que era afiliada directa a la  Federación Provincial del Magisterio, a su vez adherida a la Unión  Argentina de Maestros (UAM). Al finalizar 1948, funcionaban de manera plena 63 círculos y 19 asociaciones, con más de 6000 afiliados. Finalizando la década del 40, fueron relegados todos aquellos que resistían alinearse con el oficialismo. Sin importar los escalafones de concursos, se negó la promoción a quienes no contaban con la afiliación al partido gobernante. La Comisión Bicameral Investigadora de Actividades Antiargentinas, pasó por la capital provincial interviniendo decenas de entidades gremiales, políticas, culturales y sociales, entre ellas la Asociación del Magisterio de Santa Fe. Al promediar 1950, una asamblea en Casa del Maestros, eligió nueva comisión directiva. Mientras la  Federación Provincial reclamaba el cese de las cesantías y la reincorporación de los ya sancionados, la Asociación del Magisterio de Santa Fe resolvió guardar silencio. Esta actitud y el tratamiento exclusivo de cuestiones secundarias, resultó insuficiente. La institución fue cerrada durante seis años. En 1956, al reanudar sus actividades, la Federación organizó el Congreso Nacional de Educación Rural, realizado en Esperanza. Ese año se constituyó la Comisión  Pro-mejoras Económicas del Magisterio, por iniciativa de la  Federación Provincial, a cuyo cargo estuvieron durante los 16 años de su existencia, la parte fundamental de las campañas en defensa del salario docente, destacándose por su extensión y combatividad la huelga de 1957. Para la década de 1970, en la sociedad argentina ya se habían producido importantes cambios, que incidieron en el gremialismo docente. La inclinación de los maestros mostró su preferencia por nuevas o diferentes entidades más afines a su pensamiento y disposición para la lucha. En el breve plazo de 1970 al 72 se organizaron los sindicatos SINTER en Rosario, SINTES en Santa Fe y con denominaciones similares en otros departamentos. Para mediados de septiembre de 1973, la Federación Única de Sindicatos de Trabajadores de la Educación (FUSTE) era cómodamente mayoritaria con 5392 afiliados. Por lo contrario, la  Federación Provincial del Magisterio que en la década de 1940 superaba los 6000 asociados al presentarse en 1973 para intervenir en Huerta Grande en el Congreso Constitutivo de CTERA, lo hizo representando a 2855. Llegada la dictadura militar, esta no tuvo dificultades, en el Ministerio de Educación, para cubrir los cargos técnicos de conducción; no necesitó improvisar candidatos ni traerlos de otro lugar. Encontró a su disposición suficiente cantidad de funcionarios de carrera, que instaló en jefaturas por fuera de escalafones, elegidos y designados por decisión política. Inspectores generales, directores provinciales, jefes departamentales, asesores, con estas denominaciones o las de interventores, salieron del plantel vigente. Tan dispuestos estuvieron que no repararon en que se producían, simultáneamente, numerosas cesantías, que existían docentes encarcelados, así como otros tuvieron que recurrir a la soledad del exilio y que los hubo “desaparecidos”. Como en las restantes áreas de la comunidad y en todo el país, la dictadura militar de 1976/83 arremetió con el gremialismo docente de Santa Fe, con tal saña que, a su término, se pudo verificar la desaparición  de algunas entidades y el abandono de actividades sindicales por otras, reducidas a la prestación de servicios sociales La Asociación del Magisterio de Santa Fe logró subsistir y se esforzó por recomponer el gremialismo de los docentes, a pesar de tratarse de un organismo con jurisdicción en el Departamento La Capital, se desplazó ocupando el espacio dejado vacante por la  Federación. Extendió su quehacer al territorio provincial, reclutando afinados en todo su territorio. Halló en las masas de maestros marcado interés por la sindicalización... La Asociación orientó la reorganización a cumplir con las exigencias de la Ley Nº 22.105 y el Decreto Nº 640/80, tarea que llevó a cabo en 1983 y que le permitió obtener la personería gremial. Convocadas que fueron las elecciones para designar autoridades, el 2 de septiembre de  1984 se constituyó la comisión directiva, tomando posesión los miembros proclamados por la junta electoral actuante. César Oxley fue titular de la secretaría general; junto a otros compañerxs. Así constituida la entidad, se consideró nueva versión de la Asociación del Magisterio de Santa Fe, cuyo nombre mantuvo y reconoció como fecha de fundación el 24 de junio de 1928.

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